Deriva Lenta Slowbiking nace de mi forma real de viajar. Soy el primero que no dispone del tiempo que desearía para recorrer todas las rutas que me rondan la cabeza. Trabajo a jornada completa y cuento con 24 días laborables de vacaciones al año. Aun así, he podido escaparme durante dos o incluso tres semanas seguidas para hacer rutas de largo recorrido. Pero esos viajes llegan de uno en uno, espaciados en años distintos, casi como pequeñas joyas que cuesta volver a vivir.

Además, siempre he viajado desde la improvisación. Suelo trazar el track sin tener del todo claro qué me voy a encontrar, dónde dormiré o cómo será el terreno. Esa deriva me encanta, pero no por ello dejo de ser precavido: calculo kilómetros, desnivel y estimación de días; añado un par de jornadas por si me pongo enfermo, o si el tiempo se tuerce y necesito esperar a que escampe. Aun así, más de una vez he tenido que recortar la ruta y reescribir el final para llegar a casa a tiempo y cumplir con mis obligaciones.

Te cuento esto porque creo que no deberíamos esperar un año entero para vivir esos viajes que tanto nos remueven por dentro. Durante mucho tiempo cometí el error de despreciar las escapadas cortas:
“¿Montar alforjas para dos días? Qué pereza.”
“Si no hay mínimo dos semanas, no son vacaciones.”
Y así, entre excusas, me quedaba en casa en vez de regalarme una sola noche bajo las estrellas.

La fotografía nocturna me enseñó otra manera de viajar. Buscaba lugares con poca contaminación lumínica, estudiaba la salida de la Vía Láctea y rastreaba masías, árboles solitarios o formas que pudieran dar sentido a la composición. Y así empecé a escapar los viernes por la tarde, o los sábados por la mañana, con la bici cargada con lo justo para subsistir un par de días perdidos en territorio DL Slow. Aquello me transformó: descubrí que podía regalarme pequeñas vacaciones muchas veces al año. A veces, una sola noche en el monte basta para volver a casa con el alma renovada.

Y ahí están los bucles de DL Slow: nacen de aquellas escapadas. Algunos aparecen en la ruta tal como los viví; otros han cambiado de forma, porque en su día no fueron circulares o porque la experiencia me llevó por desvíos inesperados. Pero la filosofía sigue siendo la misma.

Si tienes tiempo para completar la travesía entera, adelante: será una experiencia larga, profunda y pausada.
Pero si no lo tienes (porque la vida apremia, porque trabajas, porque solo puedes desconectar un par de días) los bucles te abren una puerta distinta: pequeñas desconexiones (o reconexiones) modulables.

¿No tienes dos semanas, pero sí una?
Enlaza un par de bucles y disfruta de la deriva.

¿Solo un fin de semana?
Quizá te dé para un bucle.

Tú decides cómo explorar este territorio.
Yo solo te ofrezco caminos posibles para que te sea más fácil empezar.

¿Te apetece seguir el rumbo de Deriva Lenta?

Deriva Lenta se ha ido construyendo paso a paso, tomando decisiones conscientes por el camino.

Si te apetece acompañar cómo evoluciona el proyecto cuando hay algo que contar, la slowletter es el canal más directo.

Ciclista recorriendo un camino hacia el sol rodeado de montañas copia