Dicen que hay lugares donde uno se queda, y lugares que se quedan en uno.
De esto va esta Deriva.
Hay momentos en los que el camino deja de ser movimiento y se convierte en pausa. No porque uno lo busque, sino porque algo dentro pide detenerse.
DL Slow no deja de sorprenderme.
Hay tanto por descubrir en sus más de 800 kilómetros que incluso yo, que la recorro desde dentro, sigo encontrando rincones que no esperaba.
Este fue uno de ellos.
Llegué con buenas referencias, pero sin imaginar hasta qué punto el lugar iba a detenerme. A veces no sabemos que lo necesitamos hasta que ya estamos allí.
Entre Rosell y Vallibona, en pleno Bucle Els Ports, aparece la ermita de Santo Domingo.
Un lugar que había pasado por alto durante años, pese a tenerlo cerca, como si hubiese estado esperando su momento.
Y quizá era este.
El entorno tiene algo que no se puede explicar del todo. No es solo el silencio, ni la luz, ni la forma en que el paisaje se abre sin imponerse. Es más bien una sensación de recogimiento, como si el tiempo aflojara su ritmo sin pedir permiso.
Desde allí parte un pequeño recorrido que desciende hacia el río Cervol y regresa de nuevo al punto de inicio. Un sendero sencillo, casi discreto, que no pretende llevarte a ningún sitio concreto.
Solo acompañarte.
Lo llaman el Camí del Silenci.
Y no necesita mucho más.
Quizá por eso este lugar se queda. No por lo que ofrece, sino por lo que despierta.
No tenía intención de escribir sobre alojamientos.
Deriva Lenta no va de eso.
Pero hay excepciones que no nacen de la recomendación, sino de la experiencia.
Este es uno de esos lugares que no se buscan.
Se encuentran.
Y cuando ocurre, uno simplemente se queda un poco más de lo previsto.
O, al menos, una parte de uno lo hace.
¿Te apetece seguir el rumbo de Deriva Lenta?
Algunas Derivas se cuentan mejor con calma, cuando el camino ya ha reposado.
Si te apetece acompañar estos viajes cuando encuentran su momento, la slowletter es una buena forma de seguir el rumbo.
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